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Kriyaban

Bitácora de un devoto de Yogananda

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Rishikesh
Cómo amar más a Dios

El viaje en el autobús “Volvo de lujo” ha sido bastante cómodo. Las carreteras están en perfectas condiciones y el trayecto ha sido directo, sin paradas. Aquí, el “Volvo de lujo” es la gama alta, lo que vendría a ser un autobús normal de los que se toman para ir a la costa, solo que están en mejor estado. En esas condiciones, en España pensaríamos que nos van a secuestrar los del ISIS. Cuando llego a la estación de buses, de nuevo prepárate para ser asaltado por los rickshaws y entrar en la ya típica negociación del precio. Nunca sabes cuánto te están tomando el pelo, pero a estas alturas puedo confirmar que ya me lo han tomado bastante. Por suerte, hoy me han informado de la siguiente fórmula (para calcular el precio de un trayecto en rickshaw) que me hará libre!!!!!

25 rupias (impuestos gubernamentales) + 10 rupias x Km

¡Se merece ser enmarcada por el tiempo y el dinero que puede llegar a ahorrarte!

Tenía curiosidad por llegar al ashram de Kriya Yoga de Rishikesh por varias razones: por un lado, no es de YSS y quería saber hasta qué punto tenía vinculación con la línea de gurús de SRF y YSS, y por otro lado, porque las fotos del edificio son fantásticas.

Tras un día aquí, puedo constatar que el edificio es muy bonito; es una construcción circular donde todas las habitaciones dan a un pasillo que a su vez envuelve la capilla central en forma de bóveda, muy amplia, cómoda y bonita, con estatuas de los distintos gurús en el exterior del perímetro.

Edificio del ashram de Kriya Yoga en Rishikesh


El donativo por día, incluyendo las tres comidas, es la mitad que en Noida. Hay que decir que la comida no es la misma, pero estoy agradecido por ella.

Ahora que ya he pasado la fase de salir de mi zona de confort, ya me he notado canturreando mientras desempaquetaba y colocaba el cepillo de dientes en la repisa del lavabo, la foto del maestro en la mesa de escritorio y el saco de dormir dispuesto para ser ocupado por un alegre peregrino.

En la recepción están presentes el maestro y los gurús de SRF, así como otros gurús que desconozco y que figuran conjuntamente con ellos. Deduzco que, dado que Lahiri y Yukteswar tuvieron múltiples discípulos, ellos vienen de ahí. Evidentemente, las meditaciones no tienen nada que ver; empiezan con un arati, hacen un hong-so, un yotimudra, nada de Om, y desconozco el tipo de Kriya que hacen, pero mientras yo voy a lo mío los oigo moverse bastante.

A estas alturas ya he descubierto que hay muchas maneras de hacer Kriya Yoga y la nuestra, la de Paramahansa Yogananda, es una de ellas. Lo que más me llama la atención es que cuando acaban las técnicas no hacen meditación, y si la hacen, no dura más de 10 minutos. Esto es bastante sorprendente para mí; recuerdo vívidamente cuando leí aquel párrafo del maestro que decía: “si después de practicar cualquiera de las técnicas acabas y te levantas, es como si después de haber estado ordeñando una vaca coges el barreño de leche y lo lanzas al suelo”. A mi entender, la meditación final es precisamente lo que te permite trabajar la experiencia de la comunión con Dios tras la preparación previa con las técnicas, así que hay algo que me estoy perdiendo y tengo que averiguarlo. Aquí hay bastantes swamis, así que tengo que envalentonarme para preguntar, pero al mismo tiempo ser muy prudente.

Puedo constatar que los ashrams hasta ahora son austeros y sobrios, pero en ellos reina la limpieza, el orden, la calma y la buena comida.

Estoy convencido de que la mayoría de los hoteles no alcanzan estos estándares y seguro son mucho más caros. Eso sí, en un hotel no es obligatorio asistir a las meditaciones o rituales, que aquí empiezan a las 5:30 de la mañana con un arati, para después extenderse con la meditación. Siempre me quedo solo en la sala, y es que gracias a nuestro excelso gurú estoy bien entrenado en la práctica de la misma.

Estoy bastante sorprendido del poco interés que tengo por salir de los ashrams, estoy haciendo cero turismo, pero creo entender a qué se debe.

Al haber estado en Nepal y Sri Lanka estoy muy familiarizado con el jaleo y el caos; digamos que no me coge de sorpresa y además, aquí todo eso se multiplica por tres. El caso es que no me motiva nada cambiar la placidez, tranquilidad y orden que reina en los ashrams por la aventura de salir a la calle para quedarte sordo o cojo, depende de por dónde te embista el rickshaw.

Hoy he estado en la sala de conferencias del ashram asistiendo a un curso de fin de semana para profesores, donde un swami venido de Kerala (con una pinta de Jesucristo impresionante) ha venido a dar un intensivo acerca de cómo integrar la espiritualidad en las escuelas. Mi inglés-indio se ha puesto a prueba y he podido constatar que de toda la charla, he pillado algún “else” y algún que otro “if”. Por lo demás, todo han sido buenas intenciones.

Tras un par de días de recogimiento, decido saltar al ruedo y me aventuro a bajar al Ganges a pasear por el barrio de los ashrams. Por fin me veo caminando por el famoso puente de Rishikesh que une las dos orillas; tantas veces que lo había visto en internet y ahora caminando sobre él por la gracia de Dios.

En esta zona descubro un lugar cerrado al tráfico pesado y por lo tanto muy tranquilo; un largo paseo paralelo al río en el que habitan sadhus dando servicios de orientación espiritual, vacas sagradas caminando con paso tranquilo, monos al acecho y ashrams de todo tipo. Una zona que no tiene nada que ver con el lugar donde estoy alojado, con ruido y nada de encanto. Únicamente se salva porque el ashram de Kriya Yoga es realmente formidable. Bueno, de hecho lo que es formidable es la capilla de meditación que tiene y la buena onda que alberga, así como el conjunto de swamis que circulan por aquí y con los cuales puedes hablar siempre que necesites y que dirigen también las sesiones de meditación.

Aquí, en esta preciosa zona, descubro un lugar que me encanta: una tienda pequeñita y local donde hacen zumos naturales y que tiene una terracita que da al Ganges, donde puedes sentarte en el suelo y si tienes suerte estar solo y aprovechar para meditar; no tiene precio.

Tiendecita de zumos y terracita


Tres días seguidos de lluvia me obligan a estar en cafeterías cerca del ashram. Como la zona está llena de turistas occidentales, estos sitios tienen el típico aspecto de un Starbucks, así que paso las horas haciendo muchas cosas sentado con wifi y un capuchino siempre calentito a mi diestra.

Creo que en otras vidas he sido indio; descubro que me siento a la mesa como ellos (con una mano para tomar el cubierto y la otra mano en las pantorrillas). Cuando los oigo hablar, siento que los entiendo porque me suena a castellano todo lo que dicen, esto es algo muy curioso y no me acabo de acostumbrar. Además, como yo, tienen una “mata” de pelo negro oscuro selvática, salvo que yo he decidido cortarme el pelo al cero porque es más cómodo, ya sabes, soy práctico.

Con respecto a las meditaciones, puedo contar que en Noida tomé bastante conciencia acerca de la importancia que tiene la técnica de OM como una herramienta para sintonizarse con Dios a través de “la palabra”.

Si bien el maestro nos cuenta que la autorrealización es tomar conciencia de nuestra unidad con Dios, la técnica de OM es un ejercicio para entrenar eso mismo, por lo tanto es de vital importancia su práctica para aumentar la sintonía con Dios y extraer de ella todo lo divino que nuestra ignorancia nos ha arrebatado.

En Rishikesh, en tan solo cuatro días han pasado dos cosas muy interesantes: por un lado, mi esfuerzo por hacer los Kriyas buscando la perfección ha alcanzado nuevos límites que hasta ahora jamás se dieron, y más después de la conversación que he tenido con uno de los gurús del ashram. En general, también se da que la capacidad para estar concentrado es mayor y creo que es debido a la energía que habita en los ashrams. Estoy meditando también antes de comer un ratito. En resumen, es como si estuviera de retiro de silencio pero con la puerta de la jaula abierta y con acceso a zumos de frutas a la orilla del Ganges.

Quisiera comentar algo que me resulta muy significativo del estar aquí, en la India, y es que creo que uno puede considerarse integrado en el entorno e incluso en el país cuando un día de repente descubres que tu sobaco huele a curry; ya no bastaba con notar que tu cepillo de dientes empezaba a tornarse ligeramente amarillo, sino que ahora, además, puedes mojar pan bajo tu axila.

Mientras camino gustoso colina abajo para encontrarme con el segundo puente que cruza el Ganges a la orilla de enfrente, descubro una tiendecita con unos croissants en el escaparate que tiran para atrás. Evidentemente, ese croissant iba a contribuir a completar mi excitación por cruzar de nuevo “al otro lado del Ganges”; casi flotando cuesta abajo, ya sabes, esquivando todo tipo de vehículos a motor y por supuesto esquivando vacas, vacas a ralentí.

Porque las vacas solo conocen dos tipos de movimiento: el movimiento tipo “Rumba” (movimiento rectilíneo uniforme con cambio de sentido por choque) y el movimiento tipo MIATYQCH, “me interesa algo de ti y quiero chuparlo”.

Dejo atrás un grupo de ellas, al tiempo que estoy a punto de levitar ante el descubrimiento de que mi croissant está relleno de Nutella. En ese momento, algo me golpea por detrás y al girarme solo consigo esquivar una lengua de color rosa que arqueándose consigue alcanzar parte de mi croissant y, por supuesto, inhabilitarlo por completo… what the fuck is this!!!!!

¿Qué puedes hacer ante alguien que se sienta a la mesa sin tan solo presentarse y te roba tu bocado más preciado? Y no se te ocurra darle un manotazo a una vaca en la India, porque hasta los monos salen a multarte. En fin, con buen humor decido compartir en medio de la calle lo que me queda de croissant y aprovecho para disfrutar de la cara de éxtasis que pone “la vaquita” mientras derrama un cubo de saliva producto de la escurridiza Nutella. This is India… Yeah…

En Rishikesh y en invierno, mientras paseas no puedes evitarlo, pero cuando te cruzas con uno como tú, buscas una mirada de complicidad, esa mirada de: “hey tío yo también estoy por aquí, ¿cómo mola esto, eh?”. Por suerte, en el ashram, a los dos días conocí a una alemana de unos 65 años que habla español latino. Sí, ya lo sé, suena raro, muuuuuuy raro… su “boludo” no suena “boludo”… sino: “boludoRrrr”, pero ello no rebaja en lo más mínimo lo encantadora que es, y más sabiendo que es Libra: ya tiene robada toda mi atención.

Bueno, el caso es que con ella hablo siempre en castellano y por lo tanto no tengo tanto la sensación de que soy el último español que habita el planeta. Ha venido a Rishikesh porque parece ser que así como Turquía es famosa por los implantes de pelo, Rishikesh lo es por todo lo odontológico, así que ha venido aquí a ponerse 6 implantes de los más caros y todo por menos de 1000€, me parece alucinante y ha decidido alojarse en un ashram mientras le hacen toda la operación, en un ashram de Kriya Yoga sin tener ni idea ni de quién es Babají. No sé qué debe de pensar cada vez que se cruza con su imagen en los pasillos, pero el caso es que viene a las meditaciones e incluso tras una charla con ella acerca de Yogananda decidió comprarse la autobiografía en inglés por 140 rupias, algo así como 2 euros. Algún día escribiré un post sobre los precios y la comida aquí, es algo que no tiene desperdicio.

Justo cuando me falta un día para salir hacia Delhi con la intención de coger un vuelo a Benarés, me encuentro a Carlos en el hall del ashram, un tipo de Canarias que viene a pasar un mes. Empezamos a charlar y finalmente acabamos pasando la tarde caminando por el Ganges, pero sin cogernos de la mano. El tipo tiene un fondo de conocimiento increíble acerca de religión, espiritualidad y yoga, lo cual le permite tener un discurso muy rico y convincente sobre cualquiera de los tres temas; es un gusto escucharlo, vendría a ser como un sacerdote de los de primera división, ya sabes.

Como agua bendita, Carlos apareció justo un día después de yo estar preguntándole a Dios y al gurú acerca de cómo amarlos más y de manera más profunda y sincera, y digo como agua bendita porque sin pedirlo, en medio de una de nuestras conversaciones, Carlos me pidió que leyera un párrafo de un libro que llevaba encima y que contenía la respuesta exacta a la pregunta que tan solo dos días antes había formulado a las altas instancias…

Mis cojines de meditación justo debajo de nuestro amado gurú, Sri Yukteswar

…como solía decir Van Gaal en sus ruedas de prensa, “no hase falta desir nada más”...

Por cierto, no se os ocurra nunca caminar por Rishikesh con fruta a la vista o en bolsa, porque os las tendréis que ver con los monos. Aquí, como nunca había visto en otro lugar, se te acercan y literalmente te la quitan aunque sea forcejeando contigo si es necesario.

Teniendo en cuenta que no has de emplear tiempo en cocinar, comprar comida, trabajar, etc… el día da mucho de sí y es una buena oportunidad para meditar más de la cuenta e incluso salir a pasear cantando mantras y observando tu mente desde la tranquilidad y con menos distracciones, lo cual es un ejercicio de lo más fructífero.



Otro aspecto muy importante del que voy empezando a tomar conciencia es el relacionado con darle a Dios su tiempo para que te organice las cosas; para aquellos a los que les gusta disponer siempre de las cosas en el momento, este aspecto es de vital importancia.

Me estoy debatiendo acerca de qué sistema de limpieza del culete implantar una vez llegue a casa, porque lo que está claro, es que esto de limpiarte con agua es simplemente genial! Aquí en la India por lo pronto, ya he visto implementadas dos soluciones; una basada en “aguanto manguera y limpio saludando” y la otra “abro grifo, desplazo ojete y saludo con la mano”, ambas con sus pros y contras pero igualmente eficaces. Esperaré a bajar al sur para tomar una decisión al respecto, ya que confío en que los sistemas irán mejorando en imaginación conforme baje a regiones más cálidas; se conoce que en las regiones cálidas la gente agudiza más el ingenio...

Producto de la experiencia tan genial que tuve en Noida asistiendo a meditaciones especiales, solicité en el ashram de Sadh Gurú nuevas fechas que me permitieran poder estar en el ashram de Yogananda para las celebraciones de su mahasamadhi y el de Yukteswar. Esto podría generar que me denegaran la estancia en el ashram de Sadh Gurú pero me arriesgué anteponiendo y priorizando el ashram de Yogananda. Finalmente me han confirmado los cambios que pedí y voy a poder hacerlo todo tal y como quería; estoy súper contento. También me ha entrado un poco de trabajo que haré con la calma, lo cual es genial porque los gastos en Barcelona no están de vacaciones...



Información de interés

Transporte:

Viaje en autobús desde Delhi a Rishikesh. Los autobuses recomendados son los conocidos como “Volvo de lujo”. El billete se compra por internet o en algunos casos en el mismo autobús. Yo recomiendo que pidas por favor a algún devoto que te lo compre y le pagas posteriormente el importe. El punto de salida en Delhi es el “Gate de Kashmiri”. Coste aproximado: 700 rupias. Rickshaw desde la terminal de autobuses en Rishikesh al ashram: 100 rupias.

Alojamientos alternativos en Rishikesh:

Hotel Nirvana Palace

Vashista Guest House
Phone +91 89792 00363

Green View by One Hotels
Phone: 0135-2434948, Email: gmrishikesh1@onehotels.in

Ashram de Kriya Yoga en Rishikesh:

Contacto y reservas: kriyayoga.rishikesh1@gmail.com

Web: http://www.kriyayoga-shankarananda.com/

Donativo recomendado: 700 rupias/día, 3 comidas incluidas.

Cosas a visitar:

En Haridwar: Ashram de Swami Keshabananda, discípulo directo de Lahiri Mahasaya. Allí se encuentra parte de las cenizas de Lahiri Mahasaya. Templo de Anandamayi Ma, donde se encuentra su cuerpo.

En Rishikesh cerca del ashram: justo detrás puedes disponer de una bonita cafetería, lavandería y un lugar para cambiar dinero con una tasa de cambio tan buena que todavía estoy tratando de entender cuánto ganan con el servicio. En la misma calle hay dos supermercados con productos de todo tipo y una caseta de Airtel para hacer recargas en el móvil.

En el barrio de los ashrams paralelo al Ganges en la orilla contraria: una tienda muy chula para tomar zumos, “The Office” y un restaurante muy recomendado, “The Little Buddha”.

Importante

Si no has leído todavía la sección Consideraciones, no olvides hacerlo. En esta sección encontrarás información muy valiosa que te puede ahorrar muchos dolores de cabeza. En particular, hay detalles relacionados con tarjetas de crédito y el uso del móvil que son esenciales.



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