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¡Y llegó el séptimo día! Con mucha calma y aprovechando que el avión salía a las 13h, hice todos los rituales matutinos y me despedí de Ranchi con una pequeña oración de agradecimiento en todos los lugares sagrados del recinto... Me fui pensando en que no iba a ser esta la última vez en Ranchi.
Estaba muy expectante con el ashram de Dakshineswar (Calcuta); las fotos del lugar en internet son preciosas, y teniendo en cuenta que voy a estar diez días, sentía curiosidad por saber cómo se resolvería la intriga.
Mi viaje del aeropuerto al ashram comenzó con un taxista que me timó y me dejó tirado a mitad de camino; (debí intuirlo por su cara de manzana agria) tuve que resolver con un rickshaw la otra mitad, pero no hay problema, todo está bien (creo que estoy empezando a fluir). Por supuesto, no iba a permitir que algo así condicionara mi entrada al "ashram de Dakshineswar".
Una vez en el ashram, descubrí un lugar que de nuevo tiene muchas posibilidades. Donde hay jardines, hay posibilidades; por eso este lugar genera el mismo tipo de sentimiento que Ranchi. Donde hay jardines, hay un Enrique apoyado en una palmera con la mirada perdida, donde hay jardines siempre hay un rincón perfecto para tomar el sol durante el día y un rincón perfecto para echar la siesta, donde hay jardines no hay Nutella... (sonido de coche frenando) ¿quién ha dicho Nutella?
La bienvenida al ashram se cubrió de guirnaldas al encontrarme con Santiago, un tipo argentino de unos 25 años que está haciendo algo similar a lo que estoy haciendo yo. Le pedí que me enseñara el lugar, que me explicara los detalles, los rincones, los secretos, y entre una cosa y la otra, me pasó información valiosísima sobre los mejores lugares espirituales que visitar en Calcuta, Serampore y Puri, completando de forma impecable la agenda que ya traía de casa.
Santiago lleva aquí más de dos semanas, viene de haber estado en Puri y es un tipo que me sorprende por la devoción que tiene siendo tan joven. Puedo sentir lo feliz que está mientras comparte conmigo su "espiritu-Agenda" y yo le vuelvo a dar gracias a Dios por seguir bendiciéndome con tan maravillosas coincidencias y oportunidades.
Entre las posibilidades del lugar y las opciones de visitar cosas interesantes, Dakshineswar puede subir al puesto N.º 1 en el ranking de ashrams aquí en la India.
Por lo pronto, voy a pasar dos días quieto en el ashram, aprovechando también para trabajar un poco, y el martes saldré con él y una japonesa (que todavía no sé cómo se llama pero que es muy linda) a empezar a visitar los lugares de la agenda.
En este viaje, la lista de personas que estoy conociendo (todas ellas relacionadas con lo espiritual) va creciendo poco a poco y es lo que realmente hace que el viaje respire; los lugares podrán ser muy bonitos y tocarte el corazón, pero la gente te toca el alma... qué te voy a contar que no sepas...
De nuevo he vuelto a aterrizar en un nuevo destino coincidiendo con la meditación de 3 horas, y en ayunas; me parto de risa.
La sala de meditación aquí es pequeña para lo grande que es el ashram y me ha sorprendido. En verano, estando junto al Ganges, debe de poner a prueba su espiritualidad a más de uno (por decirlo suavemente).
La zona ajardinada que hace de anfitriona en el recinto y que da al Ganges es sencillamente inmejorable. Es un espacio 100% candidato a recoger mi cuerpo con cariño.
Edificio central en el ashram de Dakshineswar
Al día siguiente, y después de la meditación de casi 4 horas de la tarde-noche anterior, con calma, me dispongo (después de desayunar y de la meditación de la mañana) a dejarme llevar por los distintos espacios del recinto. En menos de 24 horas ya he descubierto espacios que son firmes candidatos a: meditar estando solo, leer tomando el sol, echar la siesta, trabajar y filosofar... soy un crack buscando espacios...
Estando en Ranchi, tuve el "empuje" de querer leer acerca de Janakananda (Primer presidente de SRF tras la marcha del maestro) y es que esto es algo que venía cociéndose a fuego lento. Al final tomó poso y consiguió arrebatar mi voluntad. Estando en la librería de Ranchi, pregunté si existía algún libro sobre él y efectivamente así fue; por 70 rupias (poco menos de 1€) pude satisfacer mi curiosidad. Extrañamente me sentí muy contento, parece que mi alma me estaba diciendo: ¡menos mal que finalmente lo compraste! ¡Llevo gritándote a la oreja desde hace meses y has tenido que venir a la India a comprarlo! ¡Sabía que eras tacaño, pero no tanto como para esperarte a comprarlo por 1€!
Bromas aparte, el caso es que seguramente hablaré de Janakananda en varias ocasiones producto de la lectura del libro y es por eso que he querido hacer la introducción. Llevo ya unas cuantas páginas y debo decir que la sensación que tengo me recuerda un poco a cómo era él, una sensación de profundidad. No es que esté buscando encontrar algo en este libro, pero tengo la sospecha de que esconde algo importante para mí. Por lo pronto, una de las cosas que más me ha sorprendido de Janakananda fue su capacidad para combinar su vida profesional intensa con la práctica de la vida espiritual, y lo encuentro bastante sorprendente porque, no siendo un empresario normal (sino más bien de los más ricos del país), pudo poner a raya sus pensamientos durante las meditaciones.
Lugar multifuncional, con sombra al mediodía y solecito al atardecer
Y en esta línea, mientras disfrutaba del té de las 4 con galletas debajo de un bello árbol en el jardín y con el atardecer cayendo delante de mis narices, me he dado cuenta de que, cuando no tienes nada en qué pensar y dejas la mente libre, lo único que haces es consumir energía entreteniéndote con cualquier tontería que tu mente propone. En estos casos es mucho más práctico (aunque solo sea en términos de eficiencia energética) cantar un mantra; al menos, seguro que los pensamientos que esto evoca serán más inspirativos.
Llevo cuatro días en el ashram sin salir y estoy encantado. Estoy aprovechando para disfrutar sintiendo cómo el sol me calienta el cuerpo, meditando en la pequeña capilla junto al Ganges y trabajando un poco porque me ha llegado trabajo y lo estoy resolviendo con calma. Además, estoy haciendo "bolsita de ilusión" porque el martes voy con Santiago y la japonesa a pasar todo el día visitando lugares sagrados, lo cual me hace mucha ilusión ya que vamos a ir a sitios muy "potentes". También servirá para arrancarme con la "espiritu-Agenda", pero siempre con calma.
Es muy recomendable aterrizar en este ashram en domingo y poder disfrutar del Satsanga (que es estupendo) y de la oportunidad de visitar (solo los domingos) una habitación donde está la cama del maestro (que se hizo traer expresamente a Dakshineswar para que hubiera algo de él en el lugar), así como un pequeño templo a Shiva con un linga, todo ello en la azotea del edificio principal.
Durante el día empecé a sentir que me estaba desconectando, y fue meditar en la sala de la cama del maestro y no solo me "enchufé", sino que tomé carrerilla para la meditación de tres horas de la tarde.
La verdad es que estoy empezando a descubrir que lo mejor de este viaje (un viaje centrado en profundizar en la meditación y la relación con Dios) es que, al estar continuamente rodeado de eventos o cosas de carácter espiritual y religioso, todo ello te ayuda a reconectar con Dios si es que en algún momento te perdiste; al fin y al cabo, estar conectado permanentemente es la clave del éxito.
El Satsanga ha sido muy interesante y ha concluido con un prasat. El monje ha citado muchos milagros del maestro de los cuales no tenía ni idea (y habiendo leído a estas alturas unos cuantos libros de él), por lo que me ha sorprendido reconocer en él, el hecho de que era un Avatar que ya desde muy pequeño hizo cosas increíbles. Es interesante comprobar que en su bibliografía muchos de estos milagros no están presentes y creo que obedece al hecho de que seguramente el maestro no quería que nos despistáramos con esas cosas. El monje comentaba que el maestro decía que no eran milagros, sino "ayuda" prestada por Dios a través de él.
Hoy, un día antes de la excursión donde visitaremos todos los lugares relacionados con el mundo de Yogananda, me he apresurado a finalizar el trabajo que tenía pendiente y poder salir a visitar el templo de Kali. Tengo que decir que he rezado antes, porque le he cogido respeto a salir "ahí afuera". Este es un asunto que no es menor, y es que estando "protegido" en el ashram, el impacto del ruido y del caos desestabiliza tu estado "zen" y es algo que puedes notar cuando vuelves después de "haber cruzado el muro". Por suerte, he descubierto que el camino al templo se puede hacer andando en tan solo 15 minutos y es muy agradable, así que voy a tomar el hábito de ir a meditar por las mañanas.
El templo de Kali es "especial". En realidad, el complejo es bastante grande y puedes rezar o entregar ofrendas en varios lugares. Además, puedes bajar a un ghat a mojarte en el Ganges y eso me ha gustado, no tanto porque quiera bañarme, sino porque será un lugar de esos de "estar sentado viendo pasar el rato". El templo de Kali en sí, es un espacio no tanto para estar, sino para hacer ofrendas y una pequeña oración porque la cola para entrar es tremenda. Así que yo meditaré afuera tocando la pared del muro... creo que Kali se enterará de que estoy ahí...
Templo de Kali
La noche anterior al "tour", el swami del ashram organizó la proyección de un documental sobre Teresa Neumann. Aunque ella me sonaba porque es citada en la autobiografía, no recordaba su historia. Tengo que decir que no me extraña que Richard Wright (el fotógrafo de Yogananda) se desmayara al verla llorar sangre, porque las imágenes en el documental son impresionantes. Por cierto, también me llamó mucho la atención que el swami dijera que ella fue María Magdalena.
Por fin llegó el día del "tour" y a las 7 de la mañana montamos en un Jeep dirección al Shiva Temple. Una de las cosas que más me gustó de salir de Calcuta fue el reencontrarme con espacios abiertos dedicados al cultivo, así que no pude evitar forzar un stop en el camino para salir a respirar aire fresco. Una vez en el Shiva Temple caminamos descalzos pisando un suelo totalmente empapado de agua proveniente del ritual de mojarse los pies antes de visitar el "objeto" motivo de veneración. Shahaja, la japonesa, caminaba de puntillas para no mancharse y yo, que me como las gambas con cuchillo y tenedor por no mancharme los dedos, hubiera hecho lo mismo, pero quizás en otra ocasión; estaba muy interesado en explorar el espacio sin pensar en nada.
Los extranjeros no podemos entrar donde está el objeto a "Shiva", así que tenemos que conformarnos con ver desde la "reja", siempre y cuando de entre la multitud se genere un instante de corredor visual que lo permita. Aun así, he de decir que el lugar me impactó bastante.
Este templo es el que cita el maestro en la Autobiografía como el templo que no quiso venerar y que por no haberlo hecho se perdió; es entonces cuando la diosa le explicó que una cosa fue consecuencia de la otra.
Retomando el viaje hacia la casa del "Santo que no dormía", compartía con Santiago el tema de la importancia de practicar "la presencia de Dios las 24 horas"; es entonces cuando me citó un par de libros que según él son muy buenos y están relacionados con este asunto. Uno de ellos, de un tal Laurence, "Practica la presencia de Dios" y otro libro (en el que la técnica que se cita para practicar la presencia de Dios coincide con la que usaron Daya Mata y Baktananda y que Yogananda les dio) llamado "Relatos de un peregrino ruso". Dos libros que caerán sin lugar a dudas a mi retorno.
Imágenes del Shiva Temple. Me gustó mucho el ritual del buey de color blanco, al que mientras le tapas el oído derecho le pides un deseo por el izquierdo
En la casa del Santo que no dormía pude disfrutar recreando mentalmente al maestro tomando aquella deliciosa comida, sentado justo donde él estuvo.
Cuando llegamos a la casa del tío de Yogananda, estuvimos meditando casi 45 minutos en la habitación donde Yogananda se alojaba durante sus estancias en Serampore. He de decir que la energía allí era especialmente notable y agradable.
La visita al ashram de Yukteswar fue también muy emocionante. Parte del ashram fue derruido por estar en muy malas condiciones y en su lugar hay un pequeño templo mandir que hizo construir Daya Mata.
Mandir ordenado construir por Daya Mata, en el terreno contiguo a la casa de Yukteswar en Serampore
Con la idea de recrear mentalmente el hecho de que justo allí se hizo la foto que aparece en la Autobiografía, tuve bastante para disfrutar como un niño. Y por supuesto hice volar también la imaginación en el árbol famoso a pie del Ganges, desde donde Yogananda y Yukteswar bajaban caminando a su remojo matutino.
Ashram de Yukteswar en Serampore
Ashram de Yukteswar en Serampore
Todo un sinfín de lugares realmente emocionantes y estimulantes espiritualmente.
La visita a la casa de Yogananda no pudo ser y tampoco la visita a la casa del Santo que "levitaba" por indisposición de la persona que gestiona el lugar; una lástima, la próxima vez será.
Imágenes de la piedra de Shiva, el porche de la casa del Santo que no dormía donde Yogananda comió con el Santo, la habitación de Yogananda en la casa de su tío en Serampore, el lugar del antiguo ashram de Yukteswar y el árbol a pie del ghat cerca del ashram de Yukteswar
Hablando con Santiago coincidimos en que este viaje tiene un componente de "exploración inicial" que servirá para determinar aquellos lugares que posteriormente visitaré con otros intereses. Y es que, sin duda, este viaje está abriendo un corredor temporal que me hará volver a la India una y otra vez a lo largo de toda mi vida. La importancia de hacer retiros de 1 mes o 20 días recorriendo los ashrams de Dakshineswar y Ranchi me parece crucial para reforzar y catapultar los progresos en el camino espiritual. Estar aquí 20 días puede tener el impacto equivalente a un año, y si además aprovechas el viaje para hacerlo coincidir con algún evento, como por ejemplo un mahasamadhi o un nacimiento, entonces "ya ni te cuento". Por cierto, parece que Ranchi es el lugar escogido y preferido por los devotos para las ceremonias de iniciación al Kriya.
Las salidas como la de ayer que te llevan todo el día te dejan KO. El consumo de energía que supone transitar por India es algo de otro mundo. Para estar aquí tienes que tener un oído, un estómago y una paciencia muy curtidos si quisieras estar moviéndote cada día visitando cosas.
La casa del Santo que no duerme, citado en el Autobiografía de un Yogui
Hoy, después de haber acabado un poco de trabajo, fui caminando, casi levitando, a meditar al templo de Kali. Al principio me costó un poco encontrar el rincón perfecto para ponerme y apoyar la espalda, pero finalmente, renunciando a evitar mancharme y a no estar perfectamente cómodo, encontré la forma de estar en el lugar durante un buen rato y bastante conectado, lo cual me dejó en óptimas condiciones para acercarme después al ghat a sentarme y disfrutar viendo a la gente cómo bajaba, o bien a mojarse en el Ganges, a coger agua en garrafas o a hacer multitud de otras pequeñas cosas; la verdad es que es fantástico estar ahí sentado con la atención puesta en Dios y simplemente observando. Esta es la otra cara de la India que a veces destaco. En India, la gente con espíritu religioso se reúne en estos lugares con sus ropas coloridas típicas, los niños con los ojos pintados y las ofrendas de flores en pequeños vasos hechos con hojas de palmera, etc. Estar aquí en estos momentos y pudiendo hacerlo estando relajado te permite disfrutar de una experiencia que no tiene comparación con ningún otro lugar en los que he estado.
Mi plan ahora es descansar dos días en el ashram y salir el viernes a visitar el lugar de Santa Teresa de Calcuta; Santiago dice que es una salida que no puedo perderme.
No es fácil arrancar a escribir cuando estás emocionado, porque tus manos no alcanzan a sincronizarse con
todo lo que pasa por tu cabeza. Por otro lado, es un momento idóneo ya que la energía que te recorre
todavía está fresca; es verdad que con la calma se procesan las cosas de otra manera, pero la frescura
se pierde. Hoy ha sido un día brutal. Santiago insistió en que asistiera a la misa de la mañana para
acto seguido hacer el voluntariado. Según él, la mejor manera de conocer la obra de Teresa de Calcuta es
estando donde ella estuvo y haciendo lo que ella hacía, por lo que el voluntariado se imponía sí o sí.
Lo que originalmente iba a ser una visita al lugar, se ha convertido en una experiencia que
evidentemente no puede describirse con palabras. He tenido que madrugar bastante para estar a la hora en
misa. Por suerte, la nueva App de alquiler de taxis que Santi me enseñó es la leche. Los taxis salen
baratísimos y el sistema te permite contratar las recogidas de una manera súper cómoda; este sistema
funciona extremadamente bien. Justo cuando llego, Santi estaba recién cruzando la esquina, por lo que
pudo hacerme de guía en el lugar y enseñármelo todo. Los días en el centro de Teresa de Calcuta empiezan
con una misa muy linda y a continuación los voluntarios se reúnen y se reparten por zonas o lugares.
Multitud de jóvenes, sobre todo de lengua hispana, argentinos, españoles, etc. Santi, en la línea de
tener la experiencia más auténtica posible, me propone hacer el voluntariado en el lugar "más heavy".
Yo, por un momento me veo tentado de apuntarme a la lista de personas que se necesitan para ayudar en el
museo (mi ego tenía miedo) e incluso me hago el sueco y pregunto, pero la lista está completa y Dios
quiere que "pase por el aro". Nunca me hubiera imaginado haciendo las cosas que he hecho, pero he tenido
la sensación de que en el momento en que decides hacer un voluntariado de esas características
automáticamente te cae encima una especie de "protección" que te permite hacer el trabajo desde una
neutralidad emocional que me ha sorprendido. El lugar es muy digno. La gente que es atendida son
moribundos y tienen la suerte de que Teresa's es un lugar limpio y ordenado, donde no falta nada
necesario. Todo el mundo tiene sus camas y mantas limpias, ropa limpia y comida generosa. Ves claramente
dónde va a parar el dinero de las donaciones.
Tuve un momento en que quise rendirme a falta de una
hora; me senté y quise dar por finalizado el voluntariado, pero me relajé, hice dos veces Hong-So y me
levanté diciéndome a mí mismo: estoy preparado para acabar este voluntariado como lo empecé.
También
te digo que, de no ser por Santi, no me hubiera planteado este voluntariado, pero él empuja mucho; su
devoción y amor por todo este mundo de Dios es fresco, valiente y contagioso. Qué gran suerte he tenido
al poder contar con su compañía estos días. Se me saltaban las lágrimas al despedirme de él, porque en
mi interior sabía que muchas de las cosas que he hecho me las habría perdido de no haber existido su
presencia durante estos días. Y yo, que estoy aquí para todo esto, agradezco con estas lágrimas todo lo
que él me ha brindado. ¡Que Dios te bendiga hermano!
Teresa de Calcuta. 5 septiembre 1997 - 26 agosto 1910
Qué suerte he vuelto a tener cuando Santi me dice de ir a casa de Yogananda y a casa del Santo que levita, dos cosas que no pudimos hacer en el tour. No pudimos entrar en la casa de Yogananda por lo citado anteriormente, pero sí pude disfrutar de estar en el lugar. Tocar el suelo de la entrada, estar en el recibidor y disparar la imaginación recreando al pequeño Mukunda tomando carrerilla, bajando las escaleras y derrapando justo donde yo estaba de pie, ha sido de nuevo, muy estimulante.
En la casa del Santo que levita, así como en la casa del tío de Yogananda, la energía es muy patente. Me ha sorprendido la foto del Santo (esta en particular no figuraba en mi repertorio) por la imagen de omnipresencia que desprende; curiosamente me ha transmitido una sensación de familiaridad muy agradable; algo que no voy a olvidar nunca.
El Santo que levitaba. El libro de Gyanamata "God alone". En la casa de Yogananda
El día se ha cerrado con una misa de nuevo en el lugar de Teresa de Calcuta, y una pequeña meditación delante de su tumba.
Todo lo que ha sucedido hoy va a empezar a trabajar dentro de mí durante los meses venideros y desde hoy mismo. Qué gran regalo de Dios es poder estar aquí; esta es la mejor inversión que uno puede hacer con su vida; todo lo que aquí sucede es de un valor incalculable, y es por siempre y para siempre; Amén.
Leyendo la tarde anterior en el jardín del ashram mi nuevo libro "God alone" (Solo Dios, de Gyanamata), descubro que la frase de Yogananda que había leído con anterioridad: "God alone", es de ella! y me gusta leer que a Yogananda le cautivó, cómo Gyanamata consiguió sintetizar en esa frase todo aquello que es lo más importante en el camino espiritual.
Calcuta es una ciudad grande y le sigue los pasos a Delhi en cuanto a convertirse rápidamente en una ciudad moderna. Aun así, taxis de color amarillo con la estética inglesa de los 70's, carros a pedal con "fardos" de pollos vivos boca abajo cruzando entre medio del tráfico, autobuses con "templos" humeantes de incienso improvisados en el salpicadero y algún que otro perro atropellado sin piedad por conductores impacientes, decoran el paisaje de una Calcuta que corre por modernizarse mientras arrastra todavía una cultura muy arraigada y profunda en sus usos y costumbres del cotidiano.
Sin duda, me ha vuelto a pasar lo mismo que cuando organicé mi primer Camino de Santiago: "me sobra la mitad de la mochila". Llevo recorriendo todo el norte de la India con camisetas y calcetines innecesarios, así como infinidad de útiles inútiles. Ahora que he cogido el ritmo de lavarme con frecuencia la ropa, necesito menos recambios. También es verdad que la ropa no te queda igual que lavada a máquina, y algún que otro frenazo todavía se insinúa en los calzoncillos, pero aceptamos pulpo como animal de compañía.
Este texto corresponde a mi experiencia de regreso a Dakshineswar en 2024. En esta ocasión, llegué
después de haber pasado seis días en Ranchi, donde disfruté del reencuentro con el fantástico ashram y
sus rincones llenos de la energía del maestro.
Aquí en Dakshineswar ha habido cambios que mejoran la
calidad de la estancia, como la instalación de aire acondicionado en las habitaciones. Este no es un
detalle menor, ya que en época de calor, disponer de aire es vital en India.
En esta ocasión sigo
inspirado y dispuesto a compartir contigo mis reflexiones durante la estancia. ¡Espero que lo disfrutes
y puedas sacar provecho!
¿Quién dijo que estaba muerto? Y es que he estado enfermo y por eso mis publicaciones se han demorado. Ahora estoy aquí, por fin, y con ganas de compartir con vosotros.
Me voy a dejar la salud aquí a costa de escribir este post al aire libre porque hay una plaga de mosquitos dando vueltas que se están frotando las manos con mis tobillos. Pero, bueno, ¡vamos a por todas! Pues eso, ahora tocaba Calcuta. Mis aterrizajes en Calcuta siempre han sido, salvo en una ocasión, de las tres veces que he venido, una odisea, porque siempre me ha pasado algo. En un post anterior ya comenté la aventura que tuve con un taxista al llegar aquí, pero es que la primera vez que vine a este lugar también me pasó algo similar.
Creo que después del incidente con el taxista del otro día, he aprendido la lección y ya le he pillado el truco a qué es lo que tengo que hacer para que esto no vuelva a suceder. Así que todos aquellos que, siguiendo mis consejos, quieran venir al ashram de Calcuta, deben saber que es precioso. Además, lo han renovado, han invertido dinero y han mejorado las habitaciones, han puesto aire acondicionado, han renovado el suelo y el exterior, con más flores y demás. Y la verdad es que se nota, esa diferencia se agradece mucho.
Aquí se sigue comiendo de fábula. La primera vez que vine, no me convenció del todo, pero la segunda y la tercera vez pude comprobar que ha mejorado mucho; así que se come tan bien como en Ranchi. Es importante porque la comida india, en los ashrams, puede ser muy repetitiva y si no está hecha con un poco de cariño, te puedes agobiar rápido. Así que se agradece que esté buena y sea divertida. Agradezco mucho que la comida esté rica porque, además, yo personalmente me canso muy rápido de la comida india. Cuando llevo veinte y pico días en India, empiezo a buscar restaurantes donde me puedan ofrecer cosas diferentes porque ya empiezo a estar un poco harto del curry y de lo que no es curry ya que, aunque la comida está rica, suele ser un poco repetitiva. Los ingredientes suelen ser los mismos, juegan con ellos de manera diferente, pero llega un momento en que ya ves por dónde va el tema y, en mi caso, me acabo cansando.
Yo no sabía que había metro en Dakshineswar, que es donde estoy. Dakshineswar está en Calcuta. Un día que tenía que trabajar, me propuse tomar un capuchino y decidí ir al downtown de Calcuta. Miré en Google y me dirigí a un Starbucks. Porque donde hay un Starbucks, hay dinero, básicamente. Y eso me obligó a coger el metro, que desconocía que existía, y me llevó a una parte diferente de Calcuta. La verdad es que aluciné bastante, porque es un contraste muy grande con los sitios a los que normalmente suelo ir, aquí en India. Y me gustó mucho la idea de tener este punto de vista tan contrastado. Porque la India es todo, tanto lo humilde como lo más rico.
Una cosa que no había contado es que, aquí, todo el mundo va pitando, ya sea en coches, bicicletas o rickshaws, como si fuera una especie de ansiedad por hacerse hueco entre el caótico tráfico. De hecho, aquí las colas no las respeta nadie. Tú te pones en la cola, al estilo occidental, y de repente la gente se te cuela. Es alucinante y, la primera vez, te sorprende muchísimo. Según cómo seas, hasta te puedes enfadar, pero después eres tú el que se acaba colando también, porque es la dinámica general. Inocente de mí, cuando pensé en meterme en el metro, me pregunté cómo sería. En principio llegué, lo vi muy bien, y cuando llegó el momento de entrar y salir del vagón, yo iba tranquilo como siempre, y todo el mundo entraba y salía sin compasión. Lo mismo que sucede con el tráfico rodado sucede con las entradas y salidas de los trenes. Es el mismo comportamiento de ansiedad de "yo voy a la mía". Nadie dice nada, pero todo el mundo empuja y lucha por la mejor posición de entrada. Te coge por sorpresa y te ríes porque es lo que hay aquí.
Me gustó mucho ver el estilo inglés en la parte rica de Calcuta. Bueno, más que gustarme, fue como una constatación de que los ingleses estuvieron aquí, y se manifiesta en la arquitectura de los edificios. En la zona rica, cualquier cosa cuesta lo mismo que en Barcelona. Me di el gustazo de ir a comer a un sitio chulo. Busqué en Internet sitios chulos en la zona central de Calcuta. Encontré uno y dije, pues venga, voy a por ese. El cambio rupias-euro da mucho juego y te permite ir de tirado a un restaurante gourmet, donde hay super coches aparcados en la puerta, y yo allí, con mis pintas, degustando como el que más. Por quince o veinte euros, comes como si en Barcelona te gastaras setenta. Es una maravilla.
Fui dos veces al centro, al Starbucks, y disfruté mucho de ese puntito occidental. Nosotros estamos acostumbrados a ese punto de confort y estando en India a veces lo echas de menos. Para estar trabajando, prefiero estar en un Starbucks con mi WiFi y mi capuchino.
Algo muy curioso que quería compartir es que fui al templo de Kali y al ghat, donde la gente se baña en el río. Ya comenté que es un espacio donde se genera una escena fantástica, con la gente bañándose en el río sagrado. Me acerqué por allá y, conforme te vas acercando, hay una fila de bustos en homenaje a los grandes santos de India. Pensé que vería a Yogananda, Lahiri, Yukteswar, Babaji… pero no vi a ninguno de ellos. Me llamó la atención y me dejó pensando…
Ghat contiguo al templo de Kali
Cuando salí del aeropuerto para venir a Calcuta, había concertado un taxi para que viniera a recogerme, pero no vino. En el avión compartí viaje con un chico que venía de Ranchi. Nos saludamos, le pedí ayuda para conseguir un taxi y terminé cogiendo el famoso taxista que me dio problemas, tal como comenté en un post anterior. Y posteriormente reflexioné que, cuando alguien te recomienda o te ayuda en algo, lo hace a partir de poner en juego su energía. Así que, cuando aceptas algo, ya sea un consejo, una experiencia, una recomendación o una ayuda, hay que ser consciente de que viene teñida con la energía de la persona que te lo ofrece. Por eso, es importante considerar de quién viene tal ayuda porque puede ser peor el remedio que la enfermedad.
A los pocos días de estar aquí, salí al pasillo del ashram y un swami que no es de Yogoda, pero que estaba por aquí, se me acercó y me dijo: "¿Qué haces, Enrique? ¿Vienes conmigo? Voy a cruzar el río y voy a un ashram de unos devotos de Lahiri". En principio, tenía pensado quedarme en el ashram, pero pensé en fluir y decir que sí para ver a dónde me llevaba. Desde el minuto cero, todo fueron sorpresas. Este es un tipo de Canadá que lleva casi treinta años en la India, y desde hace cinco años está en Kriya Yoga siendo discípulo de un maestro que viene de la rama de Lahiri. Ha conseguido una identificación de Yogoda y esto le permite estar en los ashrams. Comenzamos a caminar y descubrí que aquí cerca del ashram hay pequeños ghats muy bonitos, y justo al lado hay un barco que te cruza a la otra orilla; pensaba que para hacer esto mismo había que irse más lejos. Así que cogimos el barco, cruzamos el río y fuimos a una casa donde vivían unas 25 personas que adoraban a Lahiri. Uno de los familiares se había iluminado y era adorado por el séquito familiar. Estábamos allí y, como el swami sabe hablar hindi, se entendía con ellos de fábula. Yo, mientras tanto, miraba una foto de Babaji que me tenía hipnotizado. El ambiente era raro, todo era secretismo y nos fuimos casi corriendo de allí. Después, el swami me llevó a un samadhi, un lugar donde se ha enterrado a un santo que se ha iluminado. En particular el samadhi es de Ramakrishna. Estando allí, los monjes empezaron a cantar y yo me uní. Me subió tanto la energía que, cuando llegué al ashram e hice mi meditación, vi las estrellas. Tomé nota de las horas en que hacen esos cantos todos los días para futuras ocasiones. Es una de las cosas que ha entrado en mi súper libreta de la India de cosas ineludibles.
Samadhi de Ramakrishna en la orilla opuesta al ashram de Dakshineswar
Después de estar aquí y en el siguiente lugar, en Dihika, he tomado una decisión importante. Hasta ahora, entendía que debía dejar una donación equivalente a la estancia en el ashram, pero creo que hay que ir más allá. El dinero que se deja es para ayudar a que todo el ashram siga creciendo y funcionando mejor. El alojamiento aquí tiene una calidad muy superior a la de los hoteles y por tanto, el dinero que se deja no es solo en concepto de la estancia, sino para ayudar a que esto siga mejorando. En mi opinión es importante dejar el dinero con ese espíritu.
Otra cuestión, y con esto ya voy a cerrar, es sobre la oración inicial que hacemos los devotos de Yogananda. Aquí en India se hace la oración inicial hasta un punto, y luego la persona que dirige la meditación añade lo que quiere de su propia cosecha. Siempre me ha llamado la atención porque la oración inicial en sí es tan potente que pienso que debería completarse tal y como es. Todo está bien, pero a mi parecer, la oración completa sin modificaciones está mucho mejor.
Como veis, Calcuta ha dado poco juego en esta ocasión. No me he encontrado con ningún grupo de devotos, por lo tanto, no he podido hacer las típicas excursiones a los sitios clásicos de Yogananda. Tampoco he conocido a nadie, aparte del swami, con quien intercambiar, conversar, etcétera. Además, he tenido un pequeño amago de constipado. Cuando estás un poco constipado, estás más recogido y no te apetece moverte mucho. Así que ha habido mucha menos aventura de la que normalmente hay cuando visito Calcuta. Aunque ahora estoy en Calcuta, vengo de haber estado cuatro días en Dihika, el lugar donde el maestro montó su primera pequeña escuela. Y es que he estado en Calcuta seis días, pero me fui a Dihika cuatro días, donde además de visitar el lugar pude iniciar un tratamiento con antibióticos gracias a un doctor y la ayuda de los regentes del ashram de Yogoda que se mostraron tremendamente serviciales. Mañana me voy al sur, salgo para el ashram de Ramana Maharshi en Tiruvanamalai, un sitio muy, muy especial.
Como ya he comentado, llegué a Dakshineswar con un resfriado persistente, confiando en que se me pasaría solo. Finalmente, no fue hasta que llegué a Dihika que pude empezar el tratamiento con antibióticos. Antes de eso, el swami del ashram me informó que Yogoda tiene una red de pequeños centros por toda la India donde médicos homeopáticos te atienden gratuitamente. Esto es realmente increíble. Siguiendo el consejo del swami, me puse en manos de la homeopatía y acudí al centro que está justo enfrente del ashram de Dakshineswar. Allí fui atendido estupendamente por un médico que me recetó un conjunto de pócimas homeopáticas. Empecé a tomarlas y al día siguiente se me fue inmediatamente la mucosidad densa y verde que me había acompañado los últimos días. Sin embargo, al cabo de tres días, sentía que no me recuperaba del todo y por eso, estando en Dihika, pedí por favor que me llevaran a un médico para tratarme con antibióticos. Aunque fue mi primera experiencia con la homeopatía y no fue del todo mal, dejo la puerta abierta a probarla de nuevo en el futuro y recomiendo mucho ir al centro de Dakshineswar en caso de necesidad.
Centro homeopático de YSS en Dakshineswar
Tratamiento para constipado con mucosidad severa
En los viajes anteriores siempre estaba preocupado por aprovechar al máximo la experiencia de estar en el lugar. En este viaje, he entendido que lo importante es tu proceso personal, y que debe ser independientemente del lugar en el que estás. Así que he pasado cuatro días prácticamente sin moverme, curándome, y no me he preocupado en absoluto por nada. He entendido que mi estancia en Dihika tuvo como principal propósito curarme, y es que Dihika huele a Yogananda.
El escalofrío que se siente cuando llegas a la puerta de embarque de tu vuelo y está cerrada porque has llegado tarde es una experiencia que te persigue durante tiempo. Perdí el vuelo que me tenía que llevar de Doha a Calcuta en esta cuarta ocasión de regreso a India. Ojalá me hubiera podido quedar tirado en una esquina del aeropuerto detrás de un árbol de plástico durmiendo toda la noche esperando al día siguiente para el siguiente vuelo, pero en Doha cierran el aeropuerto y te toca salir a buscarte la vida en un lugar que no tenías planeado visitar y del cual no sabes absolutamente nada. Eso sin contar con que, para poder llegar a Calcuta al día siguiente, tuve que comprar nuevos billetes que me costaron más dolor que haberme tirado al mar y bracear con todas mis fuerzas hasta India. Mi exceso de prudencia desde entonces en los aeropuertos hace que mi ano cambie de color solo de pensar que puedo perder un avión de nuevo. Ni entro en contar la razón de haber perdido el vuelo porque siento una vergüenza terrible solo de pensarlo, pero solo te digo que debo haber sido la persona en el mundo que más ha pagado por un par de bocadillos y un café.
Una imagen vale más que mil palabras
Por fin en Calcuta y gracias a Debasis, el guía del ashram de Dakshineswar, he podido dormir en una habitación confortable y pasar la primera noche para al día siguiente ingresar en el ashram, no sin haber recibido varias reprimendas por parte de Mousumi, la directora, por no haber hecho la reserva con tiempo y adecuadamente. Y es que en esta ocasión, un evento de celebración de Kriya en el ashram se interpuso en las fechas de mi llegada, algo que no calculé bien, y los planes se trastocaron un poco.
La verdad es que Mousumi es un encanto y supo encontrar en todo momento el perfecto balance entre poner límites y a continuación darte todo su amor, algo muy hermoso y aleccionador. Ello da información del gran avance espiritual que ha adquirido.
Una vez instalados en el ashram —y digo instalados porque en esta ocasión he compartido los diez primeros días con mi pareja Ana, que también es kriyaban además de ser lo más hermoso que el cosmos ha podido crear— concertamos al día siguiente con Debasis el clásico tour por los lugares del maestro.
Este tour con Debasis es realmente espectacular, lleno de multitud de lugares increíbles para meditar compartiendo la energía del maestro. En esta ocasión pude disfrutar de nuevos lugares incluidos en el recorrido como el Ramakrishna Mission Center, donde percibí la inmediata y agradable energía que provenía de la habitación donde él, Vivekananda y otros devotos solían meditar; algo muy recomendable.
Estancias de Vivekananda y Ramakrishna
Pasamos por la casa de Teresa de Calcuta y en esta ocasión, tan pronto entré en el museo, me entraron ganas de llorar, una experiencia que nunca he tenido al entrar en contacto con la energía de un lugar.
También meditamos en varias ocasiones en la capillita que hay tocando al río donde meditaba Daya Mata, en el ashram de Dakshineswar, y debo decir que en esta ocasión lo he disfrutado muchísimo.
Capillita al final del ashram, tocando el rio
Me pasó que en este viaje estuve menos expresivo cuando visité la habitación del santo que levita, y es que siempre me había sentido especial en este lugar. No le di más importancia ya que el día estaba siendo muy intenso, con muchas meditaciones y sensaciones, y quizás estaba algo cansado también. Sin embargo, a cambio del donativo tradicional me quedé con un libro que en ocasiones anteriores no vi y que me pareció interesante. Ahora que llevo unos cuantos días en India y he pasado por Ranchi, Vrindavan y Jammu, ha llegado el momento de echarle un vistazo y debo decir que ojalá lo hubiera leído antes de ir a visitar su habitación, porque al conocerlo en detalle mi devoción, atención y cariño hacia él se han multiplicado.
El gran Maharshi Nagendranath
El libro es muy recomendable, no solo porque es una fuente de inspiración, sino porque también te ayuda a entender cómo Yogananda se nutrió de lo mejor que encontró en su camino espiritual para construir su propuesta de shadana. Una vez leído este libro me queda claro que se inspiró en este santo para añadir la parte de Bakti Yoga a la propuesta de Kriya Yoga que ofrece. Yogananda sabía muy bien que sin el Bakti el devoto no puede alcanzar a Dios, es necesario entregarse con ferviente amor a Dios para poder seducirle y llamar su atención. Incluso podrás leer en el libro citas por parte del santo que también utiliza el maestro.
En nuestra visita al templo de Kali, Ana quiso comprar en el bazar de enfrente unas figuras de la Diosa Kali para llevarse a casa y poco después estábamos meditando justo frente a ella en el templo, en el mismo lugar exacto donde el maestro se sentaba cuando iba a orarle. Todo esto, claro está, gracias a Debasis, que nos ahorró la larga cola y sabía del lugar preciso donde Yogananda meditaba. ¡Cómo no iba a faltar también mi clásico baño hasta las rodillas en el Ganges! Esto se ha convertido en una tradición en mis visitas al templo de Kali.
Cuando fuimos a visitar el ashram de Anandamayi Ma, justo al poner el primer pie en su habitación, Ana sintió una energía muy clara y fuerte. Este lugar sin duda es realmente especial. Un lugar donde además puedes meditar en distintos espacios y todos ellos muy potentes.
Anandamayi Ma
Una vez en Serampore, como no podía faltar, nos hicimos la foto en el mismo lugar donde la comitiva del maestro y Sri Yukteswar estuvieron en su día. Debasis nos contó que Yogoda ha comprado finalmente la casa de Yukteswar y se nos puso la piel de gallina de pensar que un día los devotos podremos visitarla y caminar por el mismo lugar donde se hizo aquella foto aérea histórica del maestro con Yukteswar y los devotos, o estar meditando en la habitación de Yukteswar e incluso contemplar la famosa piel de tigre que usaba para sentarse encima en sus meditaciones. ¡Qué más puede desear un buen devoto!
Mi Diosa y yo
Por último, la casa del maestro. ¡Qué alegría que el maestro hiciera posible el acceso y que Ana pudiera visitarla! Estoy realmente contento por ello. A veces sucede que si el grupo de devotos es pequeño puede resultar más complicado, pero en este caso Debasis y el maestro se alinearon para ello y Ana y yo pudimos meditar por largo rato en la boardilla donde los devotos suelen pasar un tiempo meditando cuando visitan este lugar. Además, tuvimos también la suerte de estar todo el tiempo que quisimos meditando en la habitación del maestro e incluso cantando Oms. ¡Qué maravilla!
La foto de la derecha es por donde tiró el maestro la mochila en su escapada a los Himalayas
Para ponerle la guinda al pastel, como resultado de unas obras que se estaban haciendo en el edificio, la señora que se encarga del lugar y que vive en él nos permitió estar con ella en su espacio privado mientras tomábamos un prasat que nos había preparado. Tuvo el detalle de sacar un álbum de fotos inédito y único con imágenes de la visita de Daya Mata y Sri Nalini a este mismo lugar. Se me hacía la boca agua de ver todas esas fotos que nunca antes había visto y de comer en la misma mesa donde todos ellos celebraron prasat. Ante todo esto uno no puede más que rendirse al Gurú y decir gracias, gracias y mil gracias. Om Gurú Om, querido maestro.
Como ya habrás podido leer en años anteriores en este mismo blog, yo ya había hecho este tour con Debasis en mis viajes previos, pero cuando traigo conmigo algún devoto, es una experiencia obligada y siempre agradezco repetir de nuevo. Con Debasis todo es fácil y fluido, no hay rigidez ni prisas, lo cual te permite estar en los distintos lugares meditando tanto como necesites; él se adapta para tu beneficio. Una cosa que me encanta de ir con Debasis es que cualquier cosa que necesites él te lo resuelve de la manera perfecta. ¿Te apetece tomar el mejor zumo de frutas de Calcuta? ¿Quieres comer en un buen restaurante comida saludable y clásica india? ¿Necesitas comprar un souvenir especial? Para cualquier cosa él te acompaña, te protege y te explica. Acudir a sus servicios es el mejor consejo que puedo dar en este sentido. Ver los detalles de contacto al pie de página.
Ana quedó totalmente enamorada y sorprendida con la energía de los lugares y no llevaba ni dos días en Calcuta cuando ya se había enamorado del país; lo reconoció como suyo de siempre.
Por culpa de haber perdido un día por causa del vuelo y de haber programado una estancia corta en esta ocasión, los días en Calcuta han pasado más rápido de lo habitual, con lo que de nuevo estábamos cogiendo el siguiente vuelo esta vez hacia Ranchi.
Debo recordar que las renovaciones hechas en el ashram son estupendas y han hecho la experiencia de dormir y estar en las habitaciones algo muy confortable.
Una experiencia agradable que se tiene cuando se vuelve a estos lugares de tanto en tanto es que te permite ver con mayor claridad tu estado de crecimiento y evolución, y puedes comparar cómo te sentiste las veces anteriores y cómo te sientes ahora. Es la mejor manera que he encontrado hasta la fecha de checkear mi estado interno.
Información de interés
Transporte:
Avión desde Ranchi a Calcuta; coste: 50€. Taxi desde el aeropuerto de Calcuta al ashram; coste: 600 rupias.
Guías turísticos:
Si te alojas en el ashram de Dakshineswar, no puedes perderte la oportunidad de
contratar los servicios de Debasis, un devoto que también es guía turístico. Él te llevará a todos los
lugares relacionados con Yogananda durante tu estancia en Calcuta. No dejes pasar la oportunidad de
conocerlo; sin su guía, tu estancia en Dakshineswar estará incompleta. En la recepción del ashram puedes
preguntar por Debasis.
WhatsApp: +91 90070 58579
Alojamiento en Dakshineswar:
Contacto y reservas: yssdak@yssi.org
Una vez en el ashram, la devota Mousumi y el devoto Aliv te atenderán estupendamente.
Web: https://dakshineswar.yssashram.org/reservation
Donativo recomendado: 1200 rupias/día.
Este ashram, al igual que en Noida y Bodh Gaya, es de los que hay que rellenar múltiples formularios, así que hay que leerse bien el correo de respuesta para determinar con precisión todo lo que se necesita aportar y poder hacer la reserva correctamente.
Cosas a visitar:
En este destino hay bastantes cosas a visitar. A continuación, citaré las que son más importantes o interesantes para los devotos.
Templo de Kali para meditar, está cerca del ashram (15 minutos caminando), allí se encuentra la habitación de Ramakrishna, que es el lugar donde él recibió su iluminación de la Madre Divina en la forma de la Madre Kali. También es el lugar donde Guruji se sentó a meditar frente a la imagen de la Madre Kali y obtuvo la misma gracia. María Teresa de Calcuta. La Casa de Guruji en Garpar Road (allí estuvieron Sri Yukteswar, Babaji y también Sri Daya Mata). La casa del Santo que levitaba la cual Guruji visitaba frecuentemente. El Shiva Temple. La casa de Yukteswar. El árbol donde Babaji se le presenta a Yukteswar en el Ganges. Lugar donde vivía Paramahansa Yogananda cuando estudiaba en la casa de su tío. Ashram de Sri Yukteswar donde Sri Daya Mata hizo construir un Mandir. La Universidad donde estudiaba Guruji. La casa del Santo que no dormía. El Samadhi de Ramakrishna, el Belur Math que es el edificio principal de la Ramakrishna Math & Ramakrishna Mission en la orilla del río opuesta al ashram. Recuerda que a partir de las 17:30 podrás asistir a los cantos en el templo principal, algo que no debes perderte.
Importante:
Si no has leído todavía la sección Consideraciones, no olvides hacerlo. En esta sección encontrarás información muy valiosa que te puede ahorrar muchos dolores de cabeza. En particular, hay detalles relacionados con tarjetas de crédito y el uso del móvil que son esenciales.